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A review by rustedbox
Un amor by Sara Mesa
4.0
Que Sara Mesa tenga en la literatura de terror uno de sus principales referentes queda perfectamente claro al pasar la última página de 'Un amor'. Pero, a diferencia de Lovecraft, que hablaba de lo desconocido como principal semillero de horrores atávicos, Mesa sabe muy bien que el verdadero miedo se proyecta desde los semejantes. Desde otro ser humano. Y que nada podrá existir más merecedor de nuestros recelos.
En realidad, esta novela no es muy distinta de 'Cicatriz' o de 'Cara de pan'. Aquí la materia prima es la misma y, como en aquéllas, hay un torrente de inquietud que recorre el subterráneo de todo su andamiaje narrativo, de todo lo contado. Hay que congratularse cada vez que nos damos de bruces con una autora que trata al lector así, que lo dignifica huyendo de cualquier recurso prosaico, cualquier palabra de más; cualquier subrayado innecesario: Sara Mesa transita la sordidez sin caer jamás en sus brazos, y esa es la razón por la que, en sus novelas, hay una asfixiante sensación continuada y malévola de que algo terrible va a ocurrir. Una tensión amenazadora capaz de saltar por los aires en cualquier párrafo. Sara te agarra, te hace sudar, y suerte tenemos de que lo haga en no demasiadas páginas, porque pasar más de estas casi doscientas en el pueblo de La Escapa se antoja demasiado. Un espacio con esa aparente apacibilidad que de forma inconsciente otorgamos al mundo rural, pero que rezuma muda hostilidad y rechazo. Puede que haya amor aquí, pero en ese reverso cuyo residuo sólo contiene incomprensión, desamparo.
Escuchando la voz de Nat, no podía parar de recordar aquel físico bajito y enemigo del conflicto que encarnaba Dustin Hoffman en 'Perros de paja'. Como Peckinpah, Sara Mesa se revela como una absoluta conocedora del alma humana y sus rincones, acaso los más oscuros. Tal vez esa no sea la única razón por la que es una magnífica escritora. Pero, desde luego, es de las principales.
En realidad, esta novela no es muy distinta de 'Cicatriz' o de 'Cara de pan'. Aquí la materia prima es la misma y, como en aquéllas, hay un torrente de inquietud que recorre el subterráneo de todo su andamiaje narrativo, de todo lo contado. Hay que congratularse cada vez que nos damos de bruces con una autora que trata al lector así, que lo dignifica huyendo de cualquier recurso prosaico, cualquier palabra de más; cualquier subrayado innecesario: Sara Mesa transita la sordidez sin caer jamás en sus brazos, y esa es la razón por la que, en sus novelas, hay una asfixiante sensación continuada y malévola de que algo terrible va a ocurrir. Una tensión amenazadora capaz de saltar por los aires en cualquier párrafo. Sara te agarra, te hace sudar, y suerte tenemos de que lo haga en no demasiadas páginas, porque pasar más de estas casi doscientas en el pueblo de La Escapa se antoja demasiado. Un espacio con esa aparente apacibilidad que de forma inconsciente otorgamos al mundo rural, pero que rezuma muda hostilidad y rechazo. Puede que haya amor aquí, pero en ese reverso cuyo residuo sólo contiene incomprensión, desamparo.
Escuchando la voz de Nat, no podía parar de recordar aquel físico bajito y enemigo del conflicto que encarnaba Dustin Hoffman en 'Perros de paja'. Como Peckinpah, Sara Mesa se revela como una absoluta conocedora del alma humana y sus rincones, acaso los más oscuros. Tal vez esa no sea la única razón por la que es una magnífica escritora. Pero, desde luego, es de las principales.